BIENVENIDOS

Gracia y Paz en Cristo Jesús, Amados, soy el Pr. Rogers Infante. Discípulo de la obra de Dios, Promotor y fundador de la Iglesia Cristiana Palabra y Amor. Doy gracias a Dios por la posibilidad que nos da, de poder llevar su evangelio por medio de la palabra escrita a todos sus hogares y sitio de trabajo. Con la intención de poder compartirlos con todos ustedes ya que está en evidencia la gran necesidad de contar con material netamente de evangelización, que sirviera para llegarles en forma de mensajes. Muchas almas han encontrado a Cristo, por este medio, cuyo fin, es que la "palabra de Dios corra y sea glorificada" (2 Ts 3:1). Amados, la venida de Nuestro Señor Jesucristo a buscar a su iglesia, esta cerca. Por tal motivo el enemigo de las almas, Satanás, aprovechará en este último tiempo para engañar a cuantos pueda en este mundo; lo cual la Biblia nos advierte que no ignoremos sus maquinaciones. (2Co.2:11). Vivimos una era de engaños, donde se predica un falso evangelio facilista y meramente emocional. Además de otras ciertas doctrinas ortodoxas de la cristiandad, debemos estar alertados de estos lobos rapaces disfrazados de ovejas y que por dentro son unos Anatemas que venden el evangelio de JESÚS, La doctrina del "arrepentimiento de pecados" es rara vez predicada como se debe. La salvación por gracia se ha desvirtuado y las perdiciones son basadas en discursos que tienen mucho de sensacionalismo, pero carentes de fundamento bíblico vital para la genuina conversión de las almas. (Heb.4:12).Por tal motivo es necesario, predicar un evangelio fiel a la Biblia. Tu testimonio personal y tu vida de consagración a los pies de Cristo, es el arma más poderosa, para llevar la palabra de Dios.

¡Que tu vida, y la mía, sean solo para LA GLORIA DE DIOS!

sábado, 1 de febrero de 2020

UN MENSAJE PODEROSO


UN MENSAJE PODEROSO


Romanos 1:16-17 Pues no me avergüenzo de la Buena Noticia acerca de Cristo, porque es poder de Dios en acción para salvar a todos los que creen, a los judíos primero y también a los gentiles. * Esa Buena Noticia nos revela cómo Dios nos hace justos ante sus ojos, lo cual se logra del principio al fin por medio de la fe. Como dicen las Escrituras: «Es por medio de la fe que el justo tiene vida»*.

El evangelio es la forma en que Dios ha permitido que lleguemos al conocimiento de Cristo y a recibir su salvación gracias a escuchar el mensaje y al creer en él.

Este mensaje de salvación es el tesoro escondido más grande que ha sido traído a nuestras manos por el favor inmerecido de Dios.

Cuando recibimos el evangelio, su Palabra, estamos recibiéndolo a él, y por esto este mensaje es poderoso, es una palabra viva y eficaz, que revela el diagnóstico de nuestro estado real, pero no sólo nos revela nuestra verdadera naturaleza, sino que nos muestra el camino para salir de nuestros pecados y sufrimientos terrenales.

Este evangelio, puesto en nosotros, nos salva de la muerte eterna, ilumina nuestra vida para que no vivamos en oscuridad, pero también nos trae la responsabilidad más grande, más importante que pudiéramos tener en nuestra vida, una misión esencial por la cual estamos en la familia que nacimos: ser luz para nuestra familia.

Puesto que hemos recibido el mensaje y nuestro corazón arde de amor inmenso por lo que el Señor Jesús realizó en la cruz, no podemos dejarlo sólo para nosotros, debemos enseñarlo a nuestra familia, dando ejemplo, mostrando el amor de Cristo, orando con nuestra familia y estudiando la Palabra.

Esto es lo que significa "Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y toda tu casa.” en Hechos.16:31, ya que si hemos creído debemos hablar: como dice la escritura “Creí por eso hablé” (2Corintios 4:13).

 

Ahora, creyendo en Jesús realmente, ¡Cual es la responsabilidad del hombre?

Mateo 25:14-30 »También el reino del cielo puede ilustrarse mediante la historia de un hombre que tenía que emprender un largo viaje. Reunió a sus siervos y les confió su dinero mientras estuviera ausente. Lo dividió en proporción a las capacidades de cada uno. Al primero le dio cinco bolsas de plata; * al segundo, dos bolsas de plata; al último, una bolsa de plata. Luego se fue de viaje. »El siervo que recibió las cinco bolsas de plata comenzó a invertir el dinero y ganó cinco más. El que tenía las dos bolsas de plata también salió a trabajar y ganó dos más. Pero el siervo que recibió una sola bolsa de plata cavó un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su amo. »Después de mucho tiempo, el amo regresó de su viaje y los llamó para que rindieran cuentas de cómo habían usado su dinero. El siervo al cual le había confiado las cinco bolsas de plata se presentó con cinco más y dijo: “Amo, usted me dio cinco bolsas de plata para invertir, y he ganado cinco más”. »El amo lo llenó de elogios. “Bien hecho, mi buen siervo fiel. Has sido fiel en administrar esta pequeña cantidad, así que ahora te daré muchas más responsabilidades. ¡Ven a celebrar conmigo!”*. »Se presentó el siervo que había recibido las dos bolsas de plata y dijo: “Amo, usted me dio dos bolsas de plata para invertir, y he ganado dos más”. »El amo dijo: “Bien hecho, mi buen siervo fiel. Has sido fiel en administrar esta pequeña cantidad, así que ahora te daré muchas más responsabilidades. ¡Ven a celebrar conmigo!”. »Por último se presentó el siervo que tenía una sola bolsa de plata y dijo: “Amo, yo sabía que usted era un hombre severo, que cosecha lo que no sembró y recoge las cosechas que no cultivó. Tenía miedo de perder su dinero, así que lo escondí en la tierra. Mire, aquí está su dinero de vuelta”. »Pero el amo respondió: “¡Siervo perverso y perezoso! Si sabías que cosechaba lo que no sembré y recogía lo que no cultivé, ¿por qué no depositaste mi dinero en el banco? Al menos hubiera podido obtener algún interés de él”. »Entonces ordenó: “Quítenle el dinero a este siervo y dénselo al que tiene las diez bolsas de plata. A los que usan bien lo que se les da, se les dará aún más y tendrán en abundancia; pero a los que no hacen nada se les quitará aun lo poco que tienen. Ahora bien, arrojen a este siervo inútil a la oscuridad de afuera, donde habrá llanto y rechinar de dientes”.
El hombre es un ser responsable moralmente.
En cada decisión que tomamos somos agentes morales libres de decidir, pero tenemos que tener presente las consecuencias.

Al creernos sabios en nuestra propia opinión y no tomar la dirección de Dios, fallamos, no porque Dios nos haya enviado un mal, sino porque no acatamos su advertencia que es para vida; Dios no quiere que tomemos caminos de muerte.

Coloquemos toda decisión y proyecto en manos de Dios, para que Él también nos de la sabiduría de administrar las bendiciones que en su misericordia y amor trae a nuestras vidas.

Ya sea la presencia de una persona que Dios puso en nuestro camino, o toda bendición, necesitamos su poder y su Palabra para actuar sabiamente y no volver a fallar, o a repetir los mismos errores.

En la parábola de los talentos, en Mateo 25:14-30, el Señor entrega talentos de acuerdo a la capacidad de cada quien.
Pero es responsabilidad de cada uno de nosotros, no solo cuidarlos, sino administrarlos y hacer crecer lo que Dios nos da.

Esto también se aplica a las personas que Dios nos ha puesto.
La pregunta es:
¿Edificamos a las personas que están en nuestra vida?
¿Les enseñamos la Palabra de vida para que den fruto y tengan éxito?
La respuesta la tiene usted en su manera de vivir.

La parábola no sólo se aplica a cosas materiales, también a dones y talentos que Dios nos ha dado y que es nuestra responsabilidad desarrollar y perfeccionar.

Pero también a las personas, nuestra pareja, nuestra familia y amigos.
Entonces preguntémonos:
¿Los cuidamos, edificamos, aportamos a sus vidas o por el contrario somos una carga, somos descuidados y faltos de detalle con ellos?

Es momento de mostrar que Cristo vive en nosotros, valorando a todas las personas que Dios coloca en nuestras vidas y brindándoles el verdadero amor derramado en nuestro corazón por medio de la fe en Jesús.

Tito 3:3-7 En otro tiempo nosotros también éramos necios y desobedientes. Fuimos engañados y nos convertimos en esclavos de toda clase de pasiones y placeres. Nuestra vida estaba llena de maldad y envidia, y nos odiábamos unos a otros. Pero: «Cuando Dios nuestro Salvador dio a conocer su bondad y amor, él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia. Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo.* Él derramó su Espíritu sobre nosotros en abundancia por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Por su gracia él nos declaró justos y nos dio la seguridad de que vamos a heredar la vida eterna».
Cada uno de nosotros somos responsables moralmente por el pecado.
No podemos culpar a Dios y a los demás por las cosas que nos suceden pues son consecuencia de nuestras decisiones.

Debemos aceptar nuestros pecados y arrepentirnos, acudiendo a la misericordia, que es nueva cada día (Lamentaciones 3:22-23).
Lamentaciones 3:22-23 ¡el fiel amor del SEÑOR nunca se acaba! * Sus misericordias jamás terminan. Grande es su fidelidad; sus misericordias son nuevas cada mañana.

En Génesis 3, cuando el hombre desobedece a Dios, engañado por Satanás, no reconoce su estado si no que se oculta.
Luego cuando es confrontado por Dios, se pasan la culpa de uno a otro.

Si leemos detenidamente Génesis 3:12-13,
Génesis 3:12-13 El hombre contestó: —La mujer que tú me diste fue quien me dio del fruto, y yo lo comí. Entonces el SEÑOR Dios le preguntó a la mujer: —¿Qué has hecho? —La serpiente me engañó —contestó ella—. Por eso comí.
Detengámonos a observar cómo se “auto justifican”, culpándose el uno al otro y luego culpando a Dios con decir "La serpiente me engañó, y comí.”

Es cierto que la serpiente utilizó mentiras, pero ¿acaso el hombre no pudo confiar en el mandato de Dios frente a lo que Satanás les ofrecía?

Hoy en día, se repite esta condición, esta tendencia a cometer el mismo error; cuando Dios nos habla a través de la Biblia nos dice la verdad, nos escondemos de Dios, vemos lo que hemos hecho y nos remuerde la conciencia, tapándonos con religiones o ocultando nuestro estado con alcohol, drogas o sexo.

Culpamos a los demás por lo que hicimos, si mentimos, si fornicamos o si cometemos cualquier pecado, inmediatamente viene a nuestra mente el “fue que él o ella...”.

Tomemos en serio la responsabilidad por lo que hacemos o decidimos.
Pero no podríamos sin la luz de Cristo.
Él en Mateo 4, cuando se enfrentó a Satanás, nos mostró el camino, no falló, sino que, mediante la palabra de Dios, ajustado y obedeciendo al mandato escrito, no permitió el engaño de Satanás ni en su mente, ni mucho menos en su corazón.

Él venció por nosotros, luego en la cruz selló la victoria sobre el pecado.
Es decir que no es en nuestra humana condición o con esfuerzos morales que enfrentamos la responsabilidad de nuestros actos, sino que debemos acercarnos a la cruz, a Jesús, con un corazón arrepentido y pedirle un cambio radical en nuestro corazón, un nuevo nacimiento, un nuevo corazón que no se deje engañar y llevar al pecado, sino que dependa de su Palabra para vivir de ahora en adelante verdaderamente libre.
Gracia y Paz
Pastor y administrador Rogers Infante
Que Dios derrame Bendiciones a mis hermanos en la fe.

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